Huele a libreta nueva

Eres como esa libreta nueva que estás a punto de empezar, y que huele a nuevo, huele a historia, tienes la esperanza en que va a ser la libreta más bonita. Esa libreta que te preocupas por utilizar un bolígrafo que no marque “hacia atrás, al pasado”, pero que marque hacia delante. Que te da miedo no hacer la letra bien, y las primeras palabras las escribes muy despacio, siguiendo la línea, sin desviarte hacia abajo. Pensando siempre en que te quede bonito el trazo y simplemente quieres usar y usar la libreta, te da igual lo que escribas, tu simplemente quieres llenar páginas de cosas, y, de repente te das cuenta que has completado diez, veinte páginas, pero ¿Qué has escrito en esas páginas? ¿De verdad sabías lo que escribías, te gustaba? O sin embargo ¿Eran páginas vacías y lo hacías por pasar el rato e intentar llegar a esa historia a la que todo el mundo quiere con una libreta nueva?

¿Ganas tú, gano yo, o ganamos los dos?

 

Necesito que vengas aquí y te quedes aunque yo te diga que no, aunque mi cabeza escupa un sin fin de argumentos, yo los llamo los falsos negativos, como si de un test de embarazo se tratase. Necesito que me quites el abrigo, el cual ha empezado a oprimir, desabrocha los botones uno a uno, con cuidado por favor, intenta no atascarlos. Hazte la idea que vienes para quedarte para siempre e intenta que yo también lo perciba. No es que no quiera poner nada de mi parte, pero es que me es difícil confiar en alguien, así que tu a lo tuyo no te pares, despacio pero seguido, desatascando, muchas veces tendrás que echar 3 en 1, pero te invito a que lo hagas, aunque yo chirríe y te cante las cuarenta, tu nada, a lo tuyo. Habrán momentos que las cremalleras corran más deprisa y parecerá que todo va “viento en popa y a toda vela” pero te aseguro que no será así. será más difícil de lo que tu y yo imaginamos. Será ese todo imperfecto pero que tiene algo de encanto. vamos a intentar no cerrar lo poco que ya has abierto y seguir trabajando hasta el final. De eso se trata no? de nunca parar, de siempre estar al 100%. te aviso que me encapricharé por ti, pero eso ya es típico en mi, espero que tu lo hagas por mí, espero que el engranaje encaje a la perfección y que siempre pises el embrague para no hacer daño.

Espero tanto de ti que me asusta no poner nada de mí.

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Bonita pregunta.

¿Lo que ando buscando ahora mismo? ¿En el amor dices?

Bonita pregunta. La respuesta es aún más desconcertante. No lo sé. Estoy en ese momento de mi vida que me apetece encontrar a alguien que me complemente al 100%, no creo que sea una obsesión, pero tengo la inquietud de saber qué se siente cuando una persona te quiere sin barreras, sin un ápice de duda, simplemente te quiere y tú le quieres y no hace falta nada más.

¿Qué se siente? Siempre he creído que si llegase a ese momento, me sentiría feliz, pero vamos a ver… ¿Feliz? ¿De verdad me tiene que querer alguien para ser feliz? ¿No basta con el amor de la familia y de los amigos? ¿Por qué buscamos el amor? ¿Cómo mero placer carnal? ¿Por tradición? ¿Por envidia de quienes lo encontraron? Espera… ¿Hay que encontrarlo o simplemente “llega”? Oh dios, el amor “te llega” “así sin preverlo” “de repente te da de golpe” “cuando menos te lo esperes”. Te juro que pongo toda mi esperanza en las cuatro últimas frases que he escrito.

No recuerdo si lo leí o si bien fue charlando con alguien, pero llegué a la conclusión (con mucha imaginación y/o seguramente con alguna copa de más) de que sí, que como todos sabemos, somos un conjunto de moléculas, y que si nos atrevemos a meter “más aumento aún”, vemos que no somos más que átomos y que todo el universo no es más que eso, un conjunto de átomos de diferentes composiciones, tamaños y cargas…
También los astros a su manera son atraídos en este caso por fuerzas gravitatorias, como una galaxia atrae a otras galaxias y forman agrupaciones galácticas, como se atraen estrellas y forman cúmulos o como lo hacen estrellas con planetas, o cómo un planeta como La Tierra y un satélite como la Luna se atraen, o como la Luna atrae el agua provocando las mareas o mejor aún: como dos estrellas binarias giran una sobre la otra como una suerte de ritual de apareamiento.
Entonces mi conclusión fue que sabiendo que todos somos conjuntos de átomos que buscan enlazarse y formar algo más complejo, me gustaría pensar que todos estos átomos -estando yo aquí en España- y los de otra persona -en Australia (por decir algo) – vayan desarrollando fuerzas de atracción a uno y otro lado del charco y finalmente nos encontremos, quién sabe, a lo mejor aquí, o allá, o en un punto intermedio y nos complementemos a la perfección siendo, ¿por qué no? dos amores correspondidos.
Vale que sí, que eso es desvariar, pero joder, es bonito ¿no?

Es más, el otro día creí que me había llegado ese amor correspondido, pero creo que realmente fue un sueño. Duró menos de cinco citas y más fuerte de lo que me esperaba. Cita uno: no sentí nada, lo prometo, ni corriente, ni nada, sin embargo él… ¿sabes no? Comiendo de mi mano. Cita dos: ay tiene algo interesante, de mientras, él sigue arrastrándose. Cita tres: joder, por fin te empieza a interesar alguien. Cita cuatro: me encanta. Cita cinco: quiero que sea él. Cita seis: ah no perdón, no hubo cita seis, él: “no buscamos lo mismo, pero, que sepas que estoy aquí para lo que necesites”. Espera, espera, ¿quién demonios dijo alguna vez que esa frase de “estoy aquí para lo que necesites” era la adecuada? ¿Quién? Me gustaría hablar con esa persona ahora mismo y decirle cuatro verdades.

  1. Si dos personas lo dejan es porque no se necesitan.
  2. Tampoco esperas necesitarlo.
  3. En el caso que lo necesites sabes de sobra que no lo vas a llamar.
  4. En el caso de que decidas a llamarlo, solo el 1% acudirá.

Conclusión: esa frase es una mierda. Dile la verdad joder. Dile “Mira que sepas que la verdad es que vamos a dejar de hablar, de quedar y de todo”. Estos primeros días buscarás excusas tipo “¿Cómo te va todo? “Oye me encontré con tu amigo” “Ay acaba de pasar un coche igualito al tuyo y pensé que eras tú” “Pásame una foto de tus primos los peques para ver qué tal están”.

La realidad es que después de esos días de inestabilidad, sentirás que ya no hay vuelta atrás, que realmente lo habéis dejado. La realidad es que ese sentimiento murió en el momento que uno de los dos decidió dejar de luchar. La realidad es que no todos luchamos con la misma intensidad. La realidad es que si uno siente más, la intensidad desvaría.

La realidad, finalmente, es, que por mucho que me cueste… Tiene que ser correspondido, y eso… Eso sí que me cuesta tanto entenderlo.

PD: soy totalmente consciente de lo mal que está redactado este post. Pero necesitaba soltarlo tal cual, como de costumbre.

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¿Por qué juzgamos tanto a los demás?

Estamos constantemente poniendo pegas a los demás, esto si, esto no, no me gusta, que basto, que arriesgado que que que… ¿Qué?
No nos damos cuenta que cuando juzgamos a alguien nos estamos limitando a nosotros mismos. ¿Por qué lo que le gusta a una persona esta mal? Que no te guste a ti no quiere decir que esté mal.
¿Por qué tienes que imponerle tu a alguien lo qué tiene que gustarle?
Si te gusta creer en Dios, cree, si crees en las energías, cree, si te gusta un tipo de música escúchalo, no lo escondas, si te gusta vestir de una manera, hazlo. Vivimos con el miedo del qué dirán porque nosotros mismos somos los primeros que imponemos.

Aprende a no criticar tanto a los demás, deja que la gente sea libre, que haga lo que le de la gana, y toda esa energía que estabas utilizando, inviértela en ti.

Rodéate de gente que te quiera por cómo eres y que te respete.

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Estábamos estudiando.

Me quito el lápiz del pelo, él me mira desde la mesa de enfrente, yo se que me mira, así que para yo disimular y mirarlo alboroto un poco el pelo y miro como quien no quiere la cosa. Marrones, joder María son marrones. Mucho más penetrantes que cualquier azul o verde. Quito la mirada, no vaya a ser que se piense nada. Agacho la cabeza y sigo escribiendo. ¿Qué coño estoy escribiendo? Si no me concentro. Es como cuando duermes y sientes que alguien te está mirando. Pero es que no puedo  mirarle, JODER. En fin no sé para que vine a estudiar aquí. Empieza a temblarme la mano, nunca me había pasado. Noto como el suspira. Así que negando toda vergüenza, pongo cara de pocker y lo miro, creo que por la forma en que le miro capta que quiero que pare de hacer eso. Agacha la cabeza porque su boca ya estaba esbozando una sonrisa. No me lo puedo creer, ¿encima se rie? Me da aún más fuerzas para ser más seria si cabe. Así que vuelvo a centrarme en lo mío. Él también. Sí María centrada estás, pero centrada en él. Recurro a los chicles, por hacer algo. Estuche, cremallera, chicles. Hierbabuena. SÍ. compro esos porque a nadie les gusta. Noto movimientos en el que tengo en frente. Rebusca en su estuche. Me mira. NO LO HAGAS POR FAVOR. Y lo hace: “por favor, ¿me podrías dejar un chicle?, sino te molesta eso tampoco claro.”. ¿En serio acaba de decir lo de “si no te molesta eso tampoco“? ¿De qué va?. Yo muy falsa, hago como si no me incomodase ni pizca y le suelto “encantada, tengo de sobra, eso sí son de hierbabuena”. Pone cara de pocos amigos. Por su cara entiendo que no le gustan, conozco las caras de cuando no te gustan los chicles de hierbabuena. Así que voy a guardarlos y suelta “Ah sí, justo esos me encantan”. Le tiro el paquete hacia sus apuntes y le digo “Sírvete tu mismo”. Me mira y me suelta: ¿eres tan seria siempre?. Cojo el cartel que está encima de la mesa y se lo pongo delante: “SILENCIO EN LA BIBLIOTECA, GRACIAS” . Me da los chicles y me dice: “DE NADA”. Paso. No voy a entrar en este juego.

Silencio. Estudio. Mosqueada, pero estudio. Me digo para mí misma: un chico de ojos marrones no va a hacer el examen por tí, así que estudia.

Media hora. No hay ninguna distracción por el momento.

Bingo, movimientos otra vez. recoge las cosas. Ay dios María, está recogiendo las cosas. Se va. Me pregunto si realmente quería que se fuese.

Me voy al baño, noto como mis mejillas estaban ardiendo, cojo agua y me intento calmar un poco el rojo tomate ese. Respiro un poco más aliviada y vuelvo a mi sitio porque se que ahora toca estudiar a fondo. Sin distracciones.

ZAS, ¿¡qué coño hace aquí otra vez!? encima de mis apuntes un café en un envase de esos para llevar. Hay algo escrito en el café, me siento, lo cojo y lo leo: “todo demonio necesita un ángel que le invite a un café…” Me dan ganas de reírme, pero continuando con mi seriedad, cojo el café y lentamente lo coloco lejos de mis apuntes. Noto como nuevamente mis mejillas comienzan a dispararse. Él lo nota también así que siento que baja la guardia y decide dejarme estudiar.

Pasa el rato, y me siento mal por no haberle dicho nada por el café. Tampoco soy capaz de decirle nada. Así que cojo el café, y doy un sorbo. Estaba frío. Lo miro y asiento con la cabeza en señal de “gracias por el café”, sigo estudiando. De repente algo me acaricia la pierna. Levanto la cabeza y le digo “¿Por qué me tocas?”. El señorito va y coge el cartel de encima de la mesa y me lo pone delante “SILENCIO EN LA BIBLIOTECA, GRACIAS.”

¿Continuará?

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Qué tienen en común el amor, antena tres y las balas.

Desafiamos todo para autoconvencernos a nosotros mismos de algo que sabemos que es imposible, porque no podemos aceptar las derrotas, porque siempre está el “y si…”, pero ya lo avecinaba Murphy: “si algo tiene que salir mal, saldrá mal”.

¿Por qué te empeñas en querer justamente a esa persona? Justo a esa que si tuvieras el poder de ser objetivo no la eligirías porque sabes que es la peor para ti. Pero nada, tu empeñado en que “es esa y punto”. Y aún sin empezar, ya sabes el final. Porque son como las películas malas de antena tres después de comer. Realmente ya te sabes el final de la película, cuando empezaste incluso sopesaste el si verla o no, pero finalmente la acabas viendo porque total no tienes nada mejor que hacer. Y aún cuando la estas viendo tu mente te plantea el parar de verla, pero nada tu te comes los quince minutos de propaganda porque sigues sin focalizar algo más productivo. Y en ocasiones te invade la duda de cómo acontecerán los hechos hasta el final (el cual ya conoces) pero estás tan relajado que ea, que te lo den todo masticado. Porque no tienes los cojones de cortar algo cuando sabes que no te gusta, porque te empeñas en que la película tenga algo de esperanza y te pueda llegar a gustar. Pero no. El tiempo lo dice todo, cuando termina te das cuenta que nunca te gustó y que perdiste el tiempo.

Te empeñas en pasar el tiempo dando tumbos, apuntando a diestro y siniestro con la puta esperanza que alguna bala de justamente en la diana, pero la diana está ocupada por otra que sangra demasiado, que esta enraizada, que intentas sacarla y algo estas haciendo mal, porque cada vez duele más.

 

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Velas.

El placer, las velas de un cuarto centelleando mientras todo está apagado, el interruptor de la regleta encendido para dar un toque real a la estancia, el suelo frío porque nadie lo ha pisado durante todo el día, y la cama, con sus sábanas que buscan ser arropadas por alguien, o más bien por dos a la vez.

Y de repente, tú. Alborotando el espacio, haciendo que las llamas de las velas centelleen aún más altas, en el momento que te acercas por la espalda, respiras, sin mirarnos y simplemente con la respiración, que comienza a ir cada vez más deprisa, nos lo decimos todo sin decir nada,  te siento y percibo que tu a mi también. Cada vez que exhalas estremeces mi cuello, y no solo el cuello, todo en sí, todo en mi. Me tiemblan las piernas y siento que de un momento a otro me voy a venir abajo. Decido mirarte, en qué puñetero momento decidí mirarte… Ya no hay marcha atrás, me pierdo en tus ojos, te pierdes en los míos, me podría pasar mirándote una eternidad, y en ese momento no hay nadie más en nuestras cabezas, solo tu y yo, es nuestro tiempo, es todo y cuanto estábamos deseando en nuestros sueños, simplemente era tenernos el uno al otro, mirarnos y dejarnos llevar, porque el corazón manda ahí, no hay más, no hay trampa ni cartón, no hay palabras que valgan en ese momento, simplemente el placer de estar los dos. Tu para mí, yo para ti. Como siempre hemos deseado y como nunca hemos podido. Mi ficha complementaria del puzzle, mi montaña rusa, mi momento de relajación. No puedo evitar desear que me toques aún cuando mi cabeza dice que no, no puedo evitar quererte sentir más dentro. Más mío. Más tuya.

¿Sigo?

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