¿A qué has venido?

Nos olvidamos que a estas alturas de la vida ya no somos ese papel de color blanco impoluto y liso, hemos caído en un blanco roto, que empieza a tener una textura distinta, han aparecido grietas que se asemejan a las carreteras de una ciudad.

Cuando quieres visitar esta ciudad tienes la opción de coger atajos, esos por los que el GPS te intenta llevar como si se tratara de la ruta más rápida y la más placentera, pero yo soy más de “vísteme despacio que tengo prisa”. Es más, todos sabemos que el GPS se equivoca, y mucho, simplemente porque establece un plan de acción sin pararse a mirar lo que tiene delante.

Mi consejo es que si eres extranjero y quieres descubrir la ciudad, lo primero que tienes que hacer es situarte en el mapa y plantearte: ¿dónde estoy?, ¿cuál es la historia de este sitio?, ¿qué es lo primero que debería de visitar? No, no, no, ERROR, no consultes en el TripAdvisor, ¿para qué? ¿Para que alguien te diga lo que tienes que hacer y vuelvas a trazar la ruta monótona que hacen todos? Te propongo que te pierdas en los lugares más recónditos de la ciudad, esos a los que nadie ha llegado y de hecho no figuran en el mapa. Una vez llegues, haz de ese lugar tuyo, y sí, como lo oyes, quédatelo, clava tu bandera y no se lo cuentes a nadie para que no pierda la magia, haz que siempre quieras volver a ese sitio y haz que ese sitio quiera que tu seas el único que lo visites.

Llega y construye sobre el terreno virgen, en un principio vamos a intentar no tocar el que ya ha sido pisado, simplemente ve poco a poco ganando terreno, llegará un momento en que la ciudad y tú seais uno, y la ciudad ya no sea ciudad sin ti, y tú ya no seas ciudad sin ella.

En ese momento estarás tardando en llamarlo hogar.

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¿Predecible final?

     Apagué la odiosa alarma (¿cuántas entradas de blogs empezarán así?), lo típico, pienso “qué deje de sonar ya”, agarro el móvil, deslizo el dedo y se hace el silencio. Vuelvo a coger la sábana, me acurruco, y juro que es de los mejores placeres del día. Bueno, eso y cuando me acuesto por la noche.

Silencio. Silencio. Silencio.

Sigo con los ojos cerrados y pienso “bueno ya es hora de levantarse que hace cinco minutos apagué la alarma”. ¿Cinco minutos? Los cojones, media hora. Ostias. No llego.

Me levanté necesitándote tanto que hasta temí por mí. ¿En qué te has convertido María? ¿Por qué haces de él tu droga? Me aficioné a ti como si se tratara de un disco de Vanesa Martín, o  incluso de aquellos que solía hacer Malú (ya no, ahora me chirría escucharlos). Cuanto más se adentraba junio, más te necesitaba, cuando era Lunes ya ni te cuento, cuando veía julio asomando y por consiguiente el infumable agosto, sentía pánico de pensar “qué sería de mi sin ti”… Te convertiste en mi kriptonita. De un momento a otro mi felicidad mañanera dependía exclusivamente de ti, de tu calor, de tu olor, de saborearte parar saber que estabas aquí rellenando mi batería de energía, haciendo que volviera a conectar con el mundo, mi toma a tierra. Me acuerdo que antes no requería tanto de tu presencia, simplemente te olía, a veces te probaba aunque fuera una vez al día, pero sino te veía pues tampoco es que te echara en falta…

Pero ahora, pf. Ahora no sabes cuanto te necesito,

Gracias mi amado café.

(Venga, venga, quita esa cara y sonríe al menos)

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Huele a libreta nueva

Eres como esa libreta nueva que estás a punto de empezar, y que huele a nuevo, huele a historia, tienes la esperanza en que va a ser la libreta más bonita. Esa libreta que te preocupas por utilizar un bolígrafo que no marque “hacia atrás, al pasado”, pero que marque hacia delante. Que te da miedo no hacer la letra bien, y las primeras palabras las escribes muy despacio, siguiendo la línea, sin desviarte hacia abajo. Pensando siempre en que te quede bonito el trazo y simplemente quieres usar y usar la libreta, te da igual lo que escribas, tu simplemente quieres llenar páginas de cosas, y, de repente te das cuenta que has completado diez, veinte páginas, pero ¿Qué has escrito en esas páginas? ¿De verdad sabías lo que escribías, te gustaba? O sin embargo ¿Eran páginas vacías y lo hacías por pasar el rato e intentar llegar a esa historia a la que todo el mundo quiere con una libreta nueva?

¿Ganas tú, gano yo, o ganamos los dos?

 

Necesito que vengas aquí y te quedes aunque yo te diga que no, aunque mi cabeza escupa un sin fin de argumentos, yo los llamo los falsos negativos, como si de un test de embarazo se tratase. Necesito que me quites el abrigo, el cual ha empezado a oprimir, desabrocha los botones uno a uno, con cuidado por favor, intenta no atascarlos. Hazte la idea que vienes para quedarte para siempre e intenta que yo también lo perciba. No es que no quiera poner nada de mi parte, pero es que me es difícil confiar en alguien, así que tu a lo tuyo no te pares, despacio pero seguido, desatascando, muchas veces tendrás que echar 3 en 1, pero te invito a que lo hagas, aunque yo chirríe y te cante las cuarenta, tu nada, a lo tuyo. Habrán momentos que las cremalleras corran más deprisa y parecerá que todo va “viento en popa y a toda vela” pero te aseguro que no será así. será más difícil de lo que tu y yo imaginamos. Será ese todo imperfecto pero que tiene algo de encanto. vamos a intentar no cerrar lo poco que ya has abierto y seguir trabajando hasta el final. De eso se trata no? de nunca parar, de siempre estar al 100%. te aviso que me encapricharé por ti, pero eso ya es típico en mi, espero que tu lo hagas por mí, espero que el engranaje encaje a la perfección y que siempre pises el embrague para no hacer daño.

Espero tanto de ti que me asusta no poner nada de mí.

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Bonita pregunta.

¿Lo que ando buscando ahora mismo? ¿En el amor dices?

Bonita pregunta. La respuesta es aún más desconcertante. No lo sé. Estoy en ese momento de mi vida que me apetece encontrar a alguien que me complemente al 100%, no creo que sea una obsesión, pero tengo la inquietud de saber qué se siente cuando una persona te quiere sin barreras, sin un ápice de duda, simplemente te quiere y tú le quieres y no hace falta nada más.

¿Qué se siente? Siempre he creído que si llegase a ese momento, me sentiría feliz, pero vamos a ver… ¿Feliz? ¿De verdad me tiene que querer alguien para ser feliz? ¿No basta con el amor de la familia y de los amigos? ¿Por qué buscamos el amor? ¿Cómo mero placer carnal? ¿Por tradición? ¿Por envidia de quienes lo encontraron? Espera… ¿Hay que encontrarlo o simplemente “llega”? Oh dios, el amor “te llega” “así sin preverlo” “de repente te da de golpe” “cuando menos te lo esperes”. Te juro que pongo toda mi esperanza en las cuatro últimas frases que he escrito.

No recuerdo si lo leí o si bien fue charlando con alguien, pero llegué a la conclusión (con mucha imaginación y/o seguramente con alguna copa de más) de que sí, que como todos sabemos, somos un conjunto de moléculas, y que si nos atrevemos a meter “más aumento aún”, vemos que no somos más que átomos y que todo el universo no es más que eso, un conjunto de átomos de diferentes composiciones, tamaños y cargas…
También los astros a su manera son atraídos en este caso por fuerzas gravitatorias, como una galaxia atrae a otras galaxias y forman agrupaciones galácticas, como se atraen estrellas y forman cúmulos o como lo hacen estrellas con planetas, o cómo un planeta como La Tierra y un satélite como la Luna se atraen, o como la Luna atrae el agua provocando las mareas o mejor aún: como dos estrellas binarias giran una sobre la otra como una suerte de ritual de apareamiento.
Entonces mi conclusión fue que sabiendo que todos somos conjuntos de átomos que buscan enlazarse y formar algo más complejo, me gustaría pensar que todos estos átomos -estando yo aquí en España- y los de otra persona -en Australia (por decir algo) – vayan desarrollando fuerzas de atracción a uno y otro lado del charco y finalmente nos encontremos, quién sabe, a lo mejor aquí, o allá, o en un punto intermedio y nos complementemos a la perfección siendo, ¿por qué no? dos amores correspondidos.
Vale que sí, que eso es desvariar, pero joder, es bonito ¿no?

Es más, el otro día creí que me había llegado ese amor correspondido, pero creo que realmente fue un sueño. Duró menos de cinco citas y más fuerte de lo que me esperaba. Cita uno: no sentí nada, lo prometo, ni corriente, ni nada, sin embargo él… ¿sabes no? Comiendo de mi mano. Cita dos: ay tiene algo interesante, de mientras, él sigue arrastrándose. Cita tres: joder, por fin te empieza a interesar alguien. Cita cuatro: me encanta. Cita cinco: quiero que sea él. Cita seis: ah no perdón, no hubo cita seis, él: “no buscamos lo mismo, pero, que sepas que estoy aquí para lo que necesites”. Espera, espera, ¿quién demonios dijo alguna vez que esa frase de “estoy aquí para lo que necesites” era la adecuada? ¿Quién? Me gustaría hablar con esa persona ahora mismo y decirle cuatro verdades.

  1. Si dos personas lo dejan es porque no se necesitan.
  2. Tampoco esperas necesitarlo.
  3. En el caso que lo necesites sabes de sobra que no lo vas a llamar.
  4. En el caso de que decidas a llamarlo, solo el 1% acudirá.

Conclusión: esa frase es una mierda. Dile la verdad joder. Dile “Mira que sepas que la verdad es que vamos a dejar de hablar, de quedar y de todo”. Estos primeros días buscarás excusas tipo “¿Cómo te va todo? “Oye me encontré con tu amigo” “Ay acaba de pasar un coche igualito al tuyo y pensé que eras tú” “Pásame una foto de tus primos los peques para ver qué tal están”.

La realidad es que después de esos días de inestabilidad, sentirás que ya no hay vuelta atrás, que realmente lo habéis dejado. La realidad es que ese sentimiento murió en el momento que uno de los dos decidió dejar de luchar. La realidad es que no todos luchamos con la misma intensidad. La realidad es que si uno siente más, la intensidad desvaría.

La realidad, finalmente, es, que por mucho que me cueste… Tiene que ser correspondido, y eso… Eso sí que me cuesta tanto entenderlo.

PD: soy totalmente consciente de lo mal que está redactado este post. Pero necesitaba soltarlo tal cual, como de costumbre.

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¿Por qué juzgamos tanto a los demás?

Estamos constantemente poniendo pegas a los demás, esto si, esto no, no me gusta, que basto, que arriesgado que que que… ¿Qué?
No nos damos cuenta que cuando juzgamos a alguien nos estamos limitando a nosotros mismos. ¿Por qué lo que le gusta a una persona esta mal? Que no te guste a ti no quiere decir que esté mal.
¿Por qué tienes que imponerle tu a alguien lo qué tiene que gustarle?
Si te gusta creer en Dios, cree, si crees en las energías, cree, si te gusta un tipo de música escúchalo, no lo escondas, si te gusta vestir de una manera, hazlo. Vivimos con el miedo del qué dirán porque nosotros mismos somos los primeros que imponemos.

Aprende a no criticar tanto a los demás, deja que la gente sea libre, que haga lo que le de la gana, y toda esa energía que estabas utilizando, inviértela en ti.

Rodéate de gente que te quiera por cómo eres y que te respete.

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Estábamos estudiando.

Me quito el lápiz del pelo, él me mira desde la mesa de enfrente, yo se que me mira, así que para yo disimular y mirarlo alboroto un poco el pelo y miro como quien no quiere la cosa. Marrones, joder María son marrones. Mucho más penetrantes que cualquier azul o verde. Quito la mirada, no vaya a ser que se piense nada. Agacho la cabeza y sigo escribiendo. ¿Qué coño estoy escribiendo? Si no me concentro. Es como cuando duermes y sientes que alguien te está mirando. Pero es que no puedo  mirarle, JODER. En fin no sé para que vine a estudiar aquí. Empieza a temblarme la mano, nunca me había pasado. Noto como el suspira. Así que negando toda vergüenza, pongo cara de pocker y lo miro, creo que por la forma en que le miro capta que quiero que pare de hacer eso. Agacha la cabeza porque su boca ya estaba esbozando una sonrisa. No me lo puedo creer, ¿encima se rie? Me da aún más fuerzas para ser más seria si cabe. Así que vuelvo a centrarme en lo mío. Él también. Sí María centrada estás, pero centrada en él. Recurro a los chicles, por hacer algo. Estuche, cremallera, chicles. Hierbabuena. SÍ. compro esos porque a nadie les gusta. Noto movimientos en el que tengo en frente. Rebusca en su estuche. Me mira. NO LO HAGAS POR FAVOR. Y lo hace: “por favor, ¿me podrías dejar un chicle?, sino te molesta eso tampoco claro.”. ¿En serio acaba de decir lo de “si no te molesta eso tampoco“? ¿De qué va?. Yo muy falsa, hago como si no me incomodase ni pizca y le suelto “encantada, tengo de sobra, eso sí son de hierbabuena”. Pone cara de pocos amigos. Por su cara entiendo que no le gustan, conozco las caras de cuando no te gustan los chicles de hierbabuena. Así que voy a guardarlos y suelta “Ah sí, justo esos me encantan”. Le tiro el paquete hacia sus apuntes y le digo “Sírvete tu mismo”. Me mira y me suelta: ¿eres tan seria siempre?. Cojo el cartel que está encima de la mesa y se lo pongo delante: “SILENCIO EN LA BIBLIOTECA, GRACIAS” . Me da los chicles y me dice: “DE NADA”. Paso. No voy a entrar en este juego.

Silencio. Estudio. Mosqueada, pero estudio. Me digo para mí misma: un chico de ojos marrones no va a hacer el examen por tí, así que estudia.

Media hora. No hay ninguna distracción por el momento.

Bingo, movimientos otra vez. recoge las cosas. Ay dios María, está recogiendo las cosas. Se va. Me pregunto si realmente quería que se fuese.

Me voy al baño, noto como mis mejillas estaban ardiendo, cojo agua y me intento calmar un poco el rojo tomate ese. Respiro un poco más aliviada y vuelvo a mi sitio porque se que ahora toca estudiar a fondo. Sin distracciones.

ZAS, ¿¡qué coño hace aquí otra vez!? encima de mis apuntes un café en un envase de esos para llevar. Hay algo escrito en el café, me siento, lo cojo y lo leo: “todo demonio necesita un ángel que le invite a un café…” Me dan ganas de reírme, pero continuando con mi seriedad, cojo el café y lentamente lo coloco lejos de mis apuntes. Noto como nuevamente mis mejillas comienzan a dispararse. Él lo nota también así que siento que baja la guardia y decide dejarme estudiar.

Pasa el rato, y me siento mal por no haberle dicho nada por el café. Tampoco soy capaz de decirle nada. Así que cojo el café, y doy un sorbo. Estaba frío. Lo miro y asiento con la cabeza en señal de “gracias por el café”, sigo estudiando. De repente algo me acaricia la pierna. Levanto la cabeza y le digo “¿Por qué me tocas?”. El señorito va y coge el cartel de encima de la mesa y me lo pone delante “SILENCIO EN LA BIBLIOTECA, GRACIAS.”

¿Continuará?

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