Qué tienen en común el amor, antena tres y las balas.

Desafiamos todo para autoconvencernos a nosotros mismos de algo que sabemos que es imposible, porque no podemos aceptar las derrotas, porque siempre está el “y si…”, pero ya lo avecinaba Murphy: “si algo tiene que salir mal, saldrá mal”.

¿Por qué te empeñas en querer justamente a esa persona? Justo a esa que si tuvieras el poder de ser objetivo no la eligirías porque sabes que es la peor para ti. Pero nada, tu empeñado en que “es esa y punto”. Y aún sin empezar, ya sabes el final. Porque son como las películas malas de antena tres después de comer. Realmente ya te sabes el final de la película, cuando empezaste incluso sopesaste el si verla o no, pero finalmente la acabas viendo porque total no tienes nada mejor que hacer. Y aún cuando la estas viendo tu mente te plantea el parar de verla, pero nada tu te comes los quince minutos de propaganda porque sigues sin focalizar algo más productivo. Y en ocasiones te invade la duda de cómo acontecerán los hechos hasta el final (el cual ya conoces) pero estás tan relajado que ea, que te lo den todo masticado. Porque no tienes los cojones de cortar algo cuando sabes que no te gusta, porque te empeñas en que la película tenga algo de esperanza y te pueda llegar a gustar. Pero no. El tiempo lo dice todo, cuando termina te das cuenta que nunca te gustó y que perdiste el tiempo.

Te empeñas en pasar el tiempo dando tumbos, apuntando a diestro y siniestro con la puta esperanza que alguna bala de justamente en la diana, pero la diana está ocupada por otra que sangra demasiado, que esta enraizada, que intentas sacarla y algo estas haciendo mal, porque cada vez duele más.

 

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Velas.

El placer, las velas de un cuarto centelleando mientras todo está apagado, el interruptor de la regleta encendido para dar un toque real a la estancia, el suelo frío porque nadie lo ha pisado durante todo el día, y la cama, con sus sábanas que buscan ser arropadas por alguien, o más bien por dos a la vez.

Y de repente, tú. Alborotando el espacio, haciendo que las llamas de las velas centelleen aún más altas, en el momento que te acercas por la espalda, respiras, sin mirarnos y simplemente con la respiración, que comienza a ir cada vez más deprisa, nos lo decimos todo sin decir nada,  te siento y percibo que tu a mi también. Cada vez que exhalas estremeces mi cuello, y no solo el cuello, todo en sí, todo en mi. Me tiemblan las piernas y siento que de un momento a otro me voy a venir abajo. Decido mirarte, en qué puñetero momento decidí mirarte… Ya no hay marcha atrás, me pierdo en tus ojos, te pierdes en los míos, me podría pasar mirándote una eternidad, y en ese momento no hay nadie más en nuestras cabezas, solo tu y yo, es nuestro tiempo, es todo y cuanto estábamos deseando en nuestros sueños, simplemente era tenernos el uno al otro, mirarnos y dejarnos llevar, porque el corazón manda ahí, no hay más, no hay trampa ni cartón, no hay palabras que valgan en ese momento, simplemente el placer de estar los dos. Tu para mí, yo para ti. Como siempre hemos deseado y como nunca hemos podido. Mi ficha complementaria del puzzle, mi montaña rusa, mi momento de relajación. No puedo evitar desear que me toques aún cuando mi cabeza dice que no, no puedo evitar quererte sentir más dentro. Más mío. Más tuya.

¿Sigo?

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La asignatura pendiente de nuestra vida: LA FELICIDAD.

“Felicidad, qué bonito nombre tienes”, y tanto que es así. Pero no la sabemos valorar lo suficiente, o incluso nada, nos centramos, yo incluidísima, en las cosas malas que nos pasan, y que a ver, tampoco es que sean malas, sino que pasan porque tienen que pasar, porque para ti es malo pero para otras personas es bueno, es tan subjetivo, y es más soy de las que creo que es necesario que nos pasen cosas malas para saber valorar las buenas.

Un ejemplo de pena, pero que me sirve para explicarme. Por ejemplo: pierdes una apuesta, pero hay alguien que la gana, y vale, para ti fue como “joder, la perdí”, pero para la otra persona fue como: “joder, la gané”, e aquí la dualidad de la vida.

A veces me da rabia el no saber disfrutar de un instante, creo que hay que aprender, si APRENDER, a disfrutar las cosas. El ritmo de vida que llevamos, el aquí y ahora, el hazlo ya, porque tiene que estar YA, YA, YA, hace que no hagamos las cosas bien, sintiéndolas, desgranándolas, indagando en los recovecos de todo y más, oliéndolas, tocándolas… Hacer las cosas de verdad, que cuando termines de hacer algo no digas: ¡Acabé!, digas: ¡Me encantó hacerlo! ¡Quiero volver a hacerlo! ¡Lo disfruté! Y QUIERO MÁS.

Que te quiten lo bailao, que ya sabes de tristeza bastante, que a esa sí que la conoces y que es hora de conocer la otra cara, la bonita, la superficial, la intocable y casi imposible, felicidad, que está al alcance de muchos pero la logran pocos.

Que tú eres tú, y que si tu felicidad se basa en comer carne, pues come carne, si se basa en ser vegano, pues come vegetales, y que si se basa en que salgas por la vida con un papagayo en la cabeza pues también lo haces y punto. Si es que ese ratito es para ti, es tuyo, intocable. Sólo lo vas a disfrutar tú, por tanto, ¿qué diablos importa la opinión de los demás?

Que de verdad, vamos a hacernos el favor de ser nosotros mismos siempre. Que por alguna razón existes y no te pareces al de al lado, ni al otro, ni al otro, eres único, tu piensa que en todo el puto universo, tú eres tú, nadie es igual que tú, por tanto, solo me queda decirte que: no intentes crear un clon.

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Frustración en 3,2,1.

Respirar profundamente y…Escribir porque necesito expresar, o intentar canalizar todas las mierdas que tengo metidas en la cabeza, que por una cosa o por otras se me han ido acumulando y tal día como hoy te levantas y te cuestionas ¿pero qué me pasa? ¿qué he hecho para sentirme así? ¿por qué me tomo todo tan personal?

Me agobio, me estreso, siento que me ahogo en un vaso, y parece que no hay superficie. Todo esto producto de la carrera, no cabe duda que se lleva un porcentaje altísimo, puesto que se acumulan informes de prácticas, días enteros en la facultad en la que parece que ahora vivo, puesto que llego a las ocho de la mañana y salgo a las siete de la tarde. Y es que aunque no hagas nada, aunque esté dos horas tirada en la facultad sin hacer nada, simplemente sentada, me canso el triple que si estuviera en casa. Y no rindo. Y me frustro. Porque se acumulan las cosas. Y aquí me tienes, con los apuntes de orgánica colocados debajo del teclado, a la espera que siga intentando entender algo, pero me pongo a mirarlos y mi mente se va a otra cosa, por eso decido coger el ordenador mismo de la sala y escribir, antes de seguir. Lo necesito.

Y es que no se si necesito más mimos de lo normal, o qué coño me pasa. Pero me estoy tomando todo muy a lo personal, como si sufriera un ataque constante, y lo peor es que se que no es así y sin embargo me lo tomo así.

En el amor es todo un cacao, estoy en una situación que es indescriptible, y no, imposible de explicar, antes igual la podía explicar ahora no, porque antes era o blanco o negro, ahora sencillamente no se ni que estoy escribiendo. Porque es que no quiero ni hablar de este tema (efectivamente, me acabo de dar cuenta mientras escribo estas líneas que también este tema se lleva un porcentaje alto de mi frustración).

Y lo único estable que existe ahora es mi familia y mis amigos, así de claro. Pero me frustra el no poderles dar la atención que quiero darles. Y tampoco sé si con estos ánimos puedo ofrecerles lo mejor a ellos, y como no quiero intoxicar a nadie de mis paranoias mentales (como me dicen por ahí) pues prefiero guardármelo, y no sé ya se me pasará. Y espero que pronto.

Y es que quiénes quiero que estén no están, y quiénes quiero que no estén, están. Uf. Estás tu pa’ dar consejos hoy María.

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Y qué

No sabes cuánto esperaba esa mirada, con ansias, que me cogieras la mano y que mi impulso de no poder soltarla resumiera todo, la curiosidad, la esperanza, las ganas que tengo de estar juntos, de que me calmes de que te calme, de que me digas que todo saldrá bien porque tiene que salir bien, ya no me importa nada, te quiero a destiempo, lento, rápido, fugaz, es que ya da igual como te quiera porque ya es eterno. Ya da igual si me descarrilo, si tengo que mirarte y decirte tres verdades, si tengo que mostrar mis sentimientos con lágrimas en los ojos. Ya es que me da igual todo porque lo quiero todo, quiero saber que no nos equivocábamos al decir que teníamos que estar juntos, quiero cerciorarme de que si que existe el amor verdadero, el cual tu no estas dispuesto a creer, pero el cual se que estas dispuesto a sentir, quiero que lo pasemos todo, que no se nos quede nada, que si fracasa pues que tenga motivos de peso y no a la primera de cambio, porque no estoy dispuesta a perder a alguien que tanto me importa por meras tonterías. Que existes y que yo existo y que tenemos que probar a existir en conjunto. Que confío en ti y que espero que tu también en mi. Lo acabarás haciendo. Créeme.
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Es que no tiene título.

La despertó, la zarandeó, le dio un vuelco a su vida, hizo que comenzara a prestar atención a los detalles, la elevó al nivel más alto de sentimientos que hasta entonces ella había sentido, le gustaba cualquier cosa, cualquier mirada, cualquier roce inesperado de su mano con la de ella, cosas insignificantes a priori, por las cuales ella no podía dormir, le encantaba que el viniera a verla, lo deseaba, llegaba de clase esperando ver el coche rojo fuera de su casa, y justo cuando menos se lo esperaba, pam, ahí estaba él, justo el día en el que menos guapa se sentía, y se ponía nerviosa, entraba a su casa y se iba directa a su cuarto para que no la viera, calculaba todo lo que le diría cuando saliera del cuarto, hacía todo lo posible para coincidir con él por los pasillos de la casa, todo y más, pero al llegar la noche estaba sola y le daba mil vueltas a su cabeza pensando de que le serviría intentar conquistar tanto a alguien que pasa de ella, de que le serviría calcular cada milímetro, si el no le iba a dar la importancia que requería.

Con todo esto, pasan los años y ella lo conoce más, y cuando el río suena, agua lleva, y que las cosas claras y el chocolate espeso, y que donde hubo fuego, cenizas quedan y entre ellos “hubo una hoguera”.

Y la hoguera ya no arde, o bueno, a veces arde en fiestas. Pero luego hacen un “si te he visto no me acuerdo” y que “tu por tu lado y yo por el mio”.

Hay gente que no está destinada a estar junta, que siempre en el mejor momento pasa algo, que cuando se deciden a hacer algo, alguien lo estropea y que ya no sabes si está para ti o si realmente no lo está. Pero le sigue queriendo igual porque lo cortés no quita lo valiente, y cuando se quiere a una persona se quiere como amigo como novio y como todo, da igual, mientras la quieras lo importante es que no la pierdas.

Y prefieres dejarlo ahí y que pase un feliz cumpleaños.

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Cuando pienso en el amor, sé que me viene grande, además lo veo como algo tan bonito que de hecho me parece inalcanzable, nos pasamos la vida entera buscando el sentir amor, y por mucho que digamos “no, ahora no quiero estar con nadie”, realmente sigues buscando amor toda tu vida, en cada instante, en cada cosa que haces estás buscando amor, porque amor es todo lo entendido como SENTIR, da igual si es un sentimiento de alegría, de tristeza, de adrenalina, simplemente es que algo o alguien te vuelque, te haga sentir vulnerable y justo en ese momento que te hacen sentir vulnerable es cuando tambaleas y prefieres huir corriendo a esa zona de confort (permíteme robarte la frase, gracias).

Creo que la frase “te quiero” está mal empleada, si nos vamos al significado literal, el decir “te quiero” es algo posesivo, realmente deja a la otra persona como un objeto, de hecho esa frase no le hace justicia a lo que realmente es sentir amor, puedes emplear el “querer” para miles de cosas (quiero agua, quiero comer, quiero besarte…), pero ¿a qué el “te amo” no lo puedes emplear para otras cosas?, cuando dices “te amo” estás expresando que es algo mutuo, “te amo y eso implica que me entrego a ti igual que tú te entregas a mí, y no es que yo te pertenezca, y “me quieras”, simplemente es que te admiro”.

Cuando un familiar tiene una enfermedad terminal, y está postrado en la cama, pongamos que es un padre y su hijo está en ese cuarto día y noche, y da igual que su padre no se despierte, no pueda hablar, simplemente la otra persona está ahí, ¿y por qué? Porque le ama, y no quiere separarse de eso que siente porque es tan grande el amor que le da igual, y su padre aunque no hable, no articule movimientos, da igual, le hace bien que él esté ahí, es más, me atrevería a decir que sabe que está ahí.

Desgraciadamente hay demasiada gente que está pasando ahora mismo por un cáncer terminal, que se someten a quimioterapias, radioterapias, miles de tratamientos y el jodido puto cáncer les sigue comiendo por dentro, y les sigue haciendo sufrir dolores que ni nos podemos imaginar, el padre de un conocido murió de un cáncer terminal, todas las noches su hijo no dormía, simplemente se sentaba en la orilla de la cama a contemplarle y ese era su mejor momento del día, su padre mientras dormía sufría, se quejaba, pero claro, se quejaba inconscientemente mientras dormía, porque cuando se despertaba su hijo le preguntaba: ¿papá te duele? Y él le decía que “no”, a lo que su hijo le decía “pero es que no te has parado de quejar en toda la noche”. Simplemente su padre quería evitarle sentir dolor a su hijo.

El amor que existe ahí es tan grande que no lo sabemos apreciar. Y es que cada momento de nuestra vida está lleno de amor, y muchas veces somos deshonestos con los demás y con nosotros mismos y nos ahorramos decir “te amo” por un qué dirán, y cuando esa persona ya no esté te vas a arrepentir, no estoy promoviendo un te amo a los cuatro vientos, simplemente estoy promoviendo que hay que tragarse el orgullo y hacerle sentir a tus padres, hermanos, amigos, pareja, mascotas… cuánto les amas. Por qué al final de todos los finales, ¿qué es lo único que habrá valido la pena de lo que hayas vivido? El amor. Es así.

Y ahora tú, atento, claro que me complementas, claro que creo que me haces mejorar, claro que creo que te gusto, y quiero que tengas claro que tú a mí también, vamos a evitar desgranar todas nuestras frases, vamos a evitar estar en tensión, y por favor, no seamos hipócritas y no estemos todo el rato justificando nuestras frases, porque cuando las justificas, ni yo me lo creo y cuando yo las justifico, lo mismo. Si he sentido por ti desde que te conozco, ahora no va a ser menos, lo único que parece que estamos como poniéndole un cronómetro a nuestra relación y quizás es eso lo que a mí me tiene en tensión, porque las cosas hay que dejarlas fluir y el amor no es un aquí y ahora, es un constante sentir, que yo se que estar en el pico más alto de la montaña rusa te gusta, pero es que a mí también me gusta, pero lo que no me gusta es forzar el llegar a ese pico, disfruta del camino, de la subida, de la bajada, disfruta de mí que yo ya lo hago por ti.

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