Qué tienen en común el amor, antena tres y las balas.

Desafiamos todo para autoconvencernos a nosotros mismos de algo que sabemos que es imposible, porque no podemos aceptar las derrotas, porque siempre está el “y si…”, pero ya lo avecinaba Murphy: “si algo tiene que salir mal, saldrá mal”.

¿Por qué te empeñas en querer justamente a esa persona? Justo a esa que si tuvieras el poder de ser objetivo no la eligirías porque sabes que es la peor para ti. Pero nada, tu empeñado en que “es esa y punto”. Y aún sin empezar, ya sabes el final. Porque son como las películas malas de antena tres después de comer. Realmente ya te sabes el final de la película, cuando empezaste incluso sopesaste el si verla o no, pero finalmente la acabas viendo porque total no tienes nada mejor que hacer. Y aún cuando la estas viendo tu mente te plantea el parar de verla, pero nada tu te comes los quince minutos de propaganda porque sigues sin focalizar algo más productivo. Y en ocasiones te invade la duda de cómo acontecerán los hechos hasta el final (el cual ya conoces) pero estás tan relajado que ea, que te lo den todo masticado. Porque no tienes los cojones de cortar algo cuando sabes que no te gusta, porque te empeñas en que la película tenga algo de esperanza y te pueda llegar a gustar. Pero no. El tiempo lo dice todo, cuando termina te das cuenta que nunca te gustó y que perdiste el tiempo.

Te empeñas en pasar el tiempo dando tumbos, apuntando a diestro y siniestro con la puta esperanza que alguna bala de justamente en la diana, pero la diana está ocupada por otra que sangra demasiado, que esta enraizada, que intentas sacarla y algo estas haciendo mal, porque cada vez duele más.

 

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