Bonita pregunta.

¿Lo que ando buscando ahora mismo? ¿En el amor dices?

Bonita pregunta. La respuesta es aún más desconcertante. No lo sé. Estoy en ese momento de mi vida que me apetece encontrar a alguien que me complemente al 100%, no creo que sea una obsesión, pero tengo la inquietud de saber qué se siente cuando una persona te quiere sin barreras, sin un ápice de duda, simplemente te quiere y tú le quieres y no hace falta nada más.

¿Qué se siente? Siempre he creído que si llegase a ese momento, me sentiría feliz, pero vamos a ver… ¿Feliz? ¿De verdad me tiene que querer alguien para ser feliz? ¿No basta con el amor de la familia y de los amigos? ¿Por qué buscamos el amor? ¿Cómo mero placer carnal? ¿Por tradición? ¿Por envidia de quienes lo encontraron? Espera… ¿Hay que encontrarlo o simplemente “llega”? Oh dios, el amor “te llega” “así sin preverlo” “de repente te da de golpe” “cuando menos te lo esperes”. Te juro que pongo toda mi esperanza en las cuatro últimas frases que he escrito.

No recuerdo si lo leí o si bien fue charlando con alguien, pero llegué a la conclusión (con mucha imaginación y/o seguramente con alguna copa de más) de que sí, que como todos sabemos, somos un conjunto de moléculas, y que si nos atrevemos a meter “más aumento aún”, vemos que no somos más que átomos y que todo el universo no es más que eso, un conjunto de átomos de diferentes composiciones, tamaños y cargas…
También los astros a su manera son atraídos en este caso por fuerzas gravitatorias, como una galaxia atrae a otras galaxias y forman agrupaciones galácticas, como se atraen estrellas y forman cúmulos o como lo hacen estrellas con planetas, o cómo un planeta como La Tierra y un satélite como la Luna se atraen, o como la Luna atrae el agua provocando las mareas o mejor aún: como dos estrellas binarias giran una sobre la otra como una suerte de ritual de apareamiento.
Entonces mi conclusión fue que sabiendo que todos somos conjuntos de átomos que buscan enlazarse y formar algo más complejo, me gustaría pensar que todos estos átomos -estando yo aquí en España- y los de otra persona -en Australia (por decir algo) – vayan desarrollando fuerzas de atracción a uno y otro lado del charco y finalmente nos encontremos, quién sabe, a lo mejor aquí, o allá, o en un punto intermedio y nos complementemos a la perfección siendo, ¿por qué no? dos amores correspondidos.
Vale que sí, que eso es desvariar, pero joder, es bonito ¿no?

Es más, el otro día creí que me había llegado ese amor correspondido, pero creo que realmente fue un sueño. Duró menos de cinco citas y más fuerte de lo que me esperaba. Cita uno: no sentí nada, lo prometo, ni corriente, ni nada, sin embargo él… ¿sabes no? Comiendo de mi mano. Cita dos: ay tiene algo interesante, de mientras, él sigue arrastrándose. Cita tres: joder, por fin te empieza a interesar alguien. Cita cuatro: me encanta. Cita cinco: quiero que sea él. Cita seis: ah no perdón, no hubo cita seis, él: “no buscamos lo mismo, pero, que sepas que estoy aquí para lo que necesites”. Espera, espera, ¿quién demonios dijo alguna vez que esa frase de “estoy aquí para lo que necesites” era la adecuada? ¿Quién? Me gustaría hablar con esa persona ahora mismo y decirle cuatro verdades.

  1. Si dos personas lo dejan es porque no se necesitan.
  2. Tampoco esperas necesitarlo.
  3. En el caso que lo necesites sabes de sobra que no lo vas a llamar.
  4. En el caso de que decidas a llamarlo, solo el 1% acudirá.

Conclusión: esa frase es una mierda. Dile la verdad joder. Dile “Mira que sepas que la verdad es que vamos a dejar de hablar, de quedar y de todo”. Estos primeros días buscarás excusas tipo “¿Cómo te va todo? “Oye me encontré con tu amigo” “Ay acaba de pasar un coche igualito al tuyo y pensé que eras tú” “Pásame una foto de tus primos los peques para ver qué tal están”.

La realidad es que después de esos días de inestabilidad, sentirás que ya no hay vuelta atrás, que realmente lo habéis dejado. La realidad es que ese sentimiento murió en el momento que uno de los dos decidió dejar de luchar. La realidad es que no todos luchamos con la misma intensidad. La realidad es que si uno siente más, la intensidad desvaría.

La realidad, finalmente, es, que por mucho que me cueste… Tiene que ser correspondido, y eso… Eso sí que me cuesta tanto entenderlo.

PD: soy totalmente consciente de lo mal que está redactado este post. Pero necesitaba soltarlo tal cual, como de costumbre.

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Qué tienen en común el amor, antena tres y las balas.

Desafiamos todo para autoconvencernos a nosotros mismos de algo que sabemos que es imposible, porque no podemos aceptar las derrotas, porque siempre está el “y si…”, pero ya lo avecinaba Murphy: “si algo tiene que salir mal, saldrá mal”.

¿Por qué te empeñas en querer justamente a esa persona? Justo a esa que si tuvieras el poder de ser objetivo no la eligirías porque sabes que es la peor para ti. Pero nada, tu empeñado en que “es esa y punto”. Y aún sin empezar, ya sabes el final. Porque son como las películas malas de antena tres después de comer. Realmente ya te sabes el final de la película, cuando empezaste incluso sopesaste el si verla o no, pero finalmente la acabas viendo porque total no tienes nada mejor que hacer. Y aún cuando la estas viendo tu mente te plantea el parar de verla, pero nada tu te comes los quince minutos de propaganda porque sigues sin focalizar algo más productivo. Y en ocasiones te invade la duda de cómo acontecerán los hechos hasta el final (el cual ya conoces) pero estás tan relajado que ea, que te lo den todo masticado. Porque no tienes los cojones de cortar algo cuando sabes que no te gusta, porque te empeñas en que la película tenga algo de esperanza y te pueda llegar a gustar. Pero no. El tiempo lo dice todo, cuando termina te das cuenta que nunca te gustó y que perdiste el tiempo.

Te empeñas en pasar el tiempo dando tumbos, apuntando a diestro y siniestro con la puta esperanza que alguna bala de justamente en la diana, pero la diana está ocupada por otra que sangra demasiado, que esta enraizada, que intentas sacarla y algo estas haciendo mal, porque cada vez duele más.

 

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ERAS MI PUTA RUTINA

Eras mi bocanada de aire puro, mi vía de escape, la causa de mi risa hasta no parar, eras mis buenos días y mis buenas noches, eras mi padre y a la vez mi madre, eras mi diario de mis alegrías y mis llantos, eras la persona que me sacaba de casa en los momentos difíciles, mi apoyo, mi capitán, mi bifurcación correcta del camino, mi psicólogo en prácticas, mi alumno al que contarle todo lo que había aprendido, mi consultor preferido, mi álbum de fotos, mi cámara, mi entrenador personal, mi chocolate en los descansos, eras mis cinco minutos más del despertador de la alarma, eras mi primer pensamiento del día, incluso sin abrir aún los ojos, eras mis sueños directamente, y ¿por qué no? También mis peores pesadillas. Eras la lucha de mi corazón día y noche, eras mi mayor preocupación, mi malestar y mi bienestar, mis ojos chispeantes, mis hoyuelos, mis lunares, mis rizos, mis abrazos, mis besos, mis cosquillas, mis erizamientos, mi música, mi pasión desenfrenada, mi yo más romántico, mis aventuras, mis riesgos y sí, eras mi héroe y a la vez mi bestia. Por ahí dicen que es que eras el amor de mi vida. Yo solo sé que eras magia pura.

Porque como bien dice Vanesa Martín: hay quien sabe ser magia aunque nunca llegue a saberlo.

Te voy a olvidar.

Felicidad ficticia.

No sé si me quiero más a mí misma o si quiero que me quieran más de lo que yo me quiero. ¿Me explico? Va a ser que no, ¿no?

Pues bien, creo que todos mis actos se mueven más por un sentirme querida por alguien, que por verdaderamente quererme yo misma. Y es que es muy difícil cultivar ese llamado “amor propio” porque no, porque somos esclavos de nosotros mismos, somos esclavos de juzgarnos día a día, y es que no podemos ver todos nuestros actos como malos, es decir, está bien que hagamos juicios propios de lo que hemos hecho mal pero también tenemos que contar lo positivo, y si todo en lo que me fijo de mí mismo es negativo, pues llegará un momento que tú mismo pienses ¿pero realmente tengo algo positivo? Y es normal, porque si nunca te has parado a pensar en las cosas positivas que haces, pues nunca fomentaras eso positivo, por ende nunca crecerás, porque se crece cuando aumentas de nivel las cosas buenas (y rectificas las malas, por supuesto).

Luego esto entra en la parte del amor hacia los demás (como no, María siempre hablando del amor), y es que creo que para estar “capacitado” para querer a otra persona y dar lo mejor de ti mismo, hay que quererse primero a uno. ¿Y por qué? Pues es muy fácil, si tú no te valoras, en una relación lo único que vas a mostrar es inseguridad; un acto que a priori” puede parecer de persona segura, por ejemplo: “hacerse el duro” realmente es un acto que muestra que no estás conforme a ti mismo, y quieres dar eso a mostrar una actitud de coraza por miedo a que te rechacen. Y sí, en un principio te puede ayudar, y no te lo niego, porque soy de las que me digo a mi misma “Tú siempre María, un pasito por detrás que él (en cuanto a sentimientos), que él no note que te gusta mucho, eh!”

Error.

Porque vale, puedes hacer que esa persona MOMENTÁNEAMENTE esté un pelín más detrás de ti. Pero a ver, esta “felicidad” (si quieres llamarla así) es ficticia. Porque realmente TÚ no eres así. Y cuando verdaderamente encuentres a la persona que te “pertenece” ahí dirás: vale, ahora lo entiendo. (Y eso que yo no lo he vivido nunca, pero ok).

Porque cuando una persona te quiere, esto va a sonar muy típico: “te quiere tal y como eres”. Procedo a desgranar esta frase. Si tú te muestras como realmente eres, vas a obtener el triple, porque la otra persona, para empezar le vas a gustar de un principio a fin, porque nunca te podrá decir: “es que has cambiado” porque no, porque te estarás mostrando desde un principio tal y como tú eres, ¿por qué cuando realmente se fija en ti? Cuando te conoce. Entonces, piensa un momento y plantéate lo siguiente: si me conoce y desde un principio le muestro tal y como soy, pueden ocurrir dos cosas: que no le guste o que le guste. Sino le gusto, pues ole tú, porque ¿para qué quieres conseguir a una persona que no le gustas? ¿Para qué ideas miles de estrategias (en plan, me hago la dura, le hablo pero no le contesto, ahora le digo que estoy conociendo a alguien, blablablá) si realmente esa persona no le gusta cómo eres tal cual? Y la otra opción es que le gustes, pues perfecto porque le has gustado siendo tú, y creo que no hay mejor forma de conocer a una persona y poder empezar a tener algo.

Otra cosa es que yo cumpla con lo que escribo. Así que ahí lo dejo por si a alguien le sirve para recapacitar.

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Que Todo es desechable y provisional

Llega el día en el que te sorprendes a ti misma, y lo que antes te quitaba el sueño y sólo buscabas los por qués de las cosas, ahora te das cuentas que no tienen esa importancia brutal que le estabas dando y pasas a dejar de cuestionarte cosas y “aquello” simplemente se convierte en algo bonito. Y cuesta peque, claro que cuesta salir de esa rutina, porque siempre cuesta separarse de las cosas buenas, pero hay que pensar qué es lo mejor, puesto que llega un momento que necesitas ver dónde estás , mirar hacia dónde quieres ir y dejar atrás aquello que te atrasa. Y de repente te das cuenta que eres capaz de eso y más, de que no te afecta tanto como pensabas. Y aprendes, aprendes mucho, aprendes lo que quieres seguir teniendo y lo que no quieres volver a tener nunca, ¿el inconveniente? Que te vuelves más selectiva. Pero no creo que sea malo dejar de conformarse con todo. Y finalmente me quedo con que “cualquier resta es una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió”.

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Y se vuelve crónico

Ese típico día del mes en el que estás todo el día sin hacer prácticamente nada, de la cama al sillón y del sillón a la cama, mientras tu mente planea millo de planes por hacer, el problema está en que en todas esas ideas está incluido él, porque desde hace un tiempo ya solo piensas en él y todo lo quieres con él y si no lo haces con él estás deseando que llegue otro día para repetirlo pero con él. Porque él ha pasado a formar parte de tu vida y justo en el momento que ves como se separa de tu vida, por primera vez sientes el verdadero dolor y la desesperación en todo su esplendor. Es como si te estuvieran pegando en todo el cuerpo y tu cara es un mar de lágrimas, ya ni siquiera hablas, simplemente se te oye sollozar en la madrugada y si te acercas a la puerta de tu cuarto, esa puerta que ha pasado de estar abierta a estar cerrada, se te oirá llorar como nunca. Te darás pena de ti misma. Pero eso ya no te importará porque habrás perdido tu orgullo y sólo querrás verle, y no pensarás en las condiciones, te dará igual, te entregarás en alma y cuerpo porque sólo quieres que no te deje, porque piensas que si él no está no encontrarás a nadie que le supere, porque claro, ¿quién te va a hacer las cosquillas como las hace él? ¿Quien te sonreirá igual que él? ¿Quién? Si sólo quieres que sea él. Pero no te preocupes pequeña, algún día te darás cuenta que no está para ti es porque el destino te tiene guardado algo mejor. Pero te va a costar pequeña, te va a costar mucho y te vas a querer morir pero estará todo el mundo ahí apoyándote para que lo superes, aunque el consuelo de la gente para que mentirte peque, es como un analgésico, simplemente te ayuda a ratos pero quien tiene el antibiótico eres tú misma. Y te darás cuenta que a veces hay que tomar el antibiótico durante varios días para poder combatirlo, o incluso años, y por favor peque, cuando lo olvides, no recaigas porque entonces la enfermedad se vuelve crónica.

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