¿A qué has venido?

Nos olvidamos que a estas alturas de la vida ya no somos ese papel de color blanco impoluto y liso, hemos caído en un blanco roto, que empieza a tener una textura distinta, han aparecido grietas que se asemejan a las carreteras de una ciudad.

Cuando quieres visitar esta ciudad tienes la opción de coger atajos, esos por los que el GPS te intenta llevar como si se tratara de la ruta más rápida y la más placentera, pero yo soy más de “vísteme despacio que tengo prisa”. Es más, todos sabemos que el GPS se equivoca, y mucho, simplemente porque establece un plan de acción sin pararse a mirar lo que tiene delante.

Mi consejo es que si eres extranjero y quieres descubrir la ciudad, lo primero que tienes que hacer es situarte en el mapa y plantearte: ¿dónde estoy?, ¿cuál es la historia de este sitio?, ¿qué es lo primero que debería de visitar? No, no, no, ERROR, no consultes en el TripAdvisor, ¿para qué? ¿Para que alguien te diga lo que tienes que hacer y vuelvas a trazar la ruta monótona que hacen todos? Te propongo que te pierdas en los lugares más recónditos de la ciudad, esos a los que nadie ha llegado y de hecho no figuran en el mapa. Una vez llegues, haz de ese lugar tuyo, y sí, como lo oyes, quédatelo, clava tu bandera y no se lo cuentes a nadie para que no pierda la magia, haz que siempre quieras volver a ese sitio y haz que ese sitio quiera que tu seas el único que lo visites.

Llega y construye sobre el terreno virgen, en un principio vamos a intentar no tocar el que ya ha sido pisado, simplemente ve poco a poco ganando terreno, llegará un momento en que la ciudad y tú seais uno, y la ciudad ya no sea ciudad sin ti, y tú ya no seas ciudad sin ella.

En ese momento estarás tardando en llamarlo hogar.

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No hay nada más bello, que lo que nunca he tenido.

Me he dado cuenta de lo que es la perfección.

La perfección es alguien que te ame. Punto. Es simple. (Pff, María que típica eres).

A ver cierra esto no tienes por qué leer mis cursiladas. Pero para quien se quede a leerlo pues ole tú, pero no te me aburras.

Yo de peque, siempre pensaba: de mayor quiero tener a un marido súper guapo, súper bueno, que me cuide, que tengamos unos hijos preciosos, blá blá blá. (Cuánto daño ha hecho Barbie y Ken en este mundo, dios).

Luego CRECÍ, o eso intento desde hace unos pocos años.

Y claro, la puta experiencia te lleva a derribar todos esos sueños que pensabas de pequeña, incluso de pequeña te creías invencible y cuando alguien te dejaba o no quería ser tu novio, tú estabas muy orgullosa y pensabas, Buah, hay más chicos que judías. Pero es que ahora nooooooooooo, ahora es completamente lo contrario, ahora tu novio te deja y solamente piensas: no voy a encontrar a nadie como él. Incluso vienen tus amigos y te dicen: “Buah, hay más chicos que judías” y tú dices: ¿en que puñetero momento se volvió esa frase prácticamente imposible de digerir? En serio, no digáis eso nunca, eso díselo cuando ya lo tenga superado, pero en ese momento esa frase es como si dijeras: hola croquetas, sol, los árboles se mojan. Es decir un SIN SENTIDO, como este post.

Y entonces, viene el momento que lo superas, y piensas que el mundo es tuyo, que nadie más te puede hacer daño, porque claro ya has pasado por lo peor (me río yo de esto, hay muchas cosas más importantes en la vida como para decir que un chico te deja y es lo peor, pero bueno en ese momento es así señores, y lo sabes, lo sabes cuándo lloras ahogadamente que parece que vamos…), seguimos.

Y claro piensas que eres invencible. Hasta que viene otro, te la juega, tu se la juegas al siguiente así y así. Y acabamos ambos sexos diciendo: “todos los chicos son iguales”, “todas las chicas son iguales”. Punto. Y durante un gran tiempo de tu vida te pasas diciendo esta frase a diestro y siniestro. Y no te has dado cuenta que lo que has hecho es construirte un muro a ti misma, que te rodea, que no te hace salir de ahí. Un muro que te impide sentir.

¿Y qué es la perfección? Pues la perfección es quien consigue derribar eso que tu solita te has montado. Esa persona que te desea tanto, que le da exactamente igual si tiene que esperar, si tiene que susurrarte a través de ese muro, para que tú en el interior empieces a sentir cosas, y empieces cada vez a acercarte más a la fachada del muro, porque cada vez lo quieres oír más claro, hasta que esa persona, consigue derribarlo, porque es así, es el significado de que “El amor todo lo puede”, porque: “Si está para ti, está para ti”. Y esa frase la tengo ya bastante asumida. No quiere decir que tú no tengas que poner de tu parte, porque no. O sea lo que no puedes hacer es quedarte a verlas venir, porque así solo conseguirás a más retrasados en tu vida. Pero sí que tienes que estar atenta a las señales, y a tus sentimientos y dejarte llevar cuando veas que una persona te gusta y tú a esa persona también y si encima esa persona está luchando porque estés con ella, pues aún más.

Porque mi padre el otro día me soltó una ironía que me hizo reflexionar, me dijo: Claro María, el malo, el que te hace sufrir ese es el que vale coño, el otro que te trata bien no sirve para nada, ¿pa’ qué?

Definitivamente, la perfección es alguien que sepa amar como mi padre lo hace a mi madre. A veces le oigo hablar y digo, pero, ¿habrán más hombres así? Está claro que sí, pero claro, un padre es un padre y siempre lo vamos a tener ahí arriba de un pedestal y nadie se le podrá asemejar.

Besos y a sentir.

POSDATA (así a lo grande): Si te aburriste, no te gustó equis cosa, no dudes en decírmelo. Toda crítica es buena.

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ERAS MI PUTA RUTINA

Eras mi bocanada de aire puro, mi vía de escape, la causa de mi risa hasta no parar, eras mis buenos días y mis buenas noches, eras mi padre y a la vez mi madre, eras mi diario de mis alegrías y mis llantos, eras la persona que me sacaba de casa en los momentos difíciles, mi apoyo, mi capitán, mi bifurcación correcta del camino, mi psicólogo en prácticas, mi alumno al que contarle todo lo que había aprendido, mi consultor preferido, mi álbum de fotos, mi cámara, mi entrenador personal, mi chocolate en los descansos, eras mis cinco minutos más del despertador de la alarma, eras mi primer pensamiento del día, incluso sin abrir aún los ojos, eras mis sueños directamente, y ¿por qué no? También mis peores pesadillas. Eras la lucha de mi corazón día y noche, eras mi mayor preocupación, mi malestar y mi bienestar, mis ojos chispeantes, mis hoyuelos, mis lunares, mis rizos, mis abrazos, mis besos, mis cosquillas, mis erizamientos, mi música, mi pasión desenfrenada, mi yo más romántico, mis aventuras, mis riesgos y sí, eras mi héroe y a la vez mi bestia. Por ahí dicen que es que eras el amor de mi vida. Yo solo sé que eras magia pura.

Porque como bien dice Vanesa Martín: hay quien sabe ser magia aunque nunca llegue a saberlo.

Te voy a olvidar.

Felicidad ficticia.

No sé si me quiero más a mí misma o si quiero que me quieran más de lo que yo me quiero. ¿Me explico? Va a ser que no, ¿no?

Pues bien, creo que todos mis actos se mueven más por un sentirme querida por alguien, que por verdaderamente quererme yo misma. Y es que es muy difícil cultivar ese llamado “amor propio” porque no, porque somos esclavos de nosotros mismos, somos esclavos de juzgarnos día a día, y es que no podemos ver todos nuestros actos como malos, es decir, está bien que hagamos juicios propios de lo que hemos hecho mal pero también tenemos que contar lo positivo, y si todo en lo que me fijo de mí mismo es negativo, pues llegará un momento que tú mismo pienses ¿pero realmente tengo algo positivo? Y es normal, porque si nunca te has parado a pensar en las cosas positivas que haces, pues nunca fomentaras eso positivo, por ende nunca crecerás, porque se crece cuando aumentas de nivel las cosas buenas (y rectificas las malas, por supuesto).

Luego esto entra en la parte del amor hacia los demás (como no, María siempre hablando del amor), y es que creo que para estar “capacitado” para querer a otra persona y dar lo mejor de ti mismo, hay que quererse primero a uno. ¿Y por qué? Pues es muy fácil, si tú no te valoras, en una relación lo único que vas a mostrar es inseguridad; un acto que a priori” puede parecer de persona segura, por ejemplo: “hacerse el duro” realmente es un acto que muestra que no estás conforme a ti mismo, y quieres dar eso a mostrar una actitud de coraza por miedo a que te rechacen. Y sí, en un principio te puede ayudar, y no te lo niego, porque soy de las que me digo a mi misma “Tú siempre María, un pasito por detrás que él (en cuanto a sentimientos), que él no note que te gusta mucho, eh!”

Error.

Porque vale, puedes hacer que esa persona MOMENTÁNEAMENTE esté un pelín más detrás de ti. Pero a ver, esta “felicidad” (si quieres llamarla así) es ficticia. Porque realmente TÚ no eres así. Y cuando verdaderamente encuentres a la persona que te “pertenece” ahí dirás: vale, ahora lo entiendo. (Y eso que yo no lo he vivido nunca, pero ok).

Porque cuando una persona te quiere, esto va a sonar muy típico: “te quiere tal y como eres”. Procedo a desgranar esta frase. Si tú te muestras como realmente eres, vas a obtener el triple, porque la otra persona, para empezar le vas a gustar de un principio a fin, porque nunca te podrá decir: “es que has cambiado” porque no, porque te estarás mostrando desde un principio tal y como tú eres, ¿por qué cuando realmente se fija en ti? Cuando te conoce. Entonces, piensa un momento y plantéate lo siguiente: si me conoce y desde un principio le muestro tal y como soy, pueden ocurrir dos cosas: que no le guste o que le guste. Sino le gusto, pues ole tú, porque ¿para qué quieres conseguir a una persona que no le gustas? ¿Para qué ideas miles de estrategias (en plan, me hago la dura, le hablo pero no le contesto, ahora le digo que estoy conociendo a alguien, blablablá) si realmente esa persona no le gusta cómo eres tal cual? Y la otra opción es que le gustes, pues perfecto porque le has gustado siendo tú, y creo que no hay mejor forma de conocer a una persona y poder empezar a tener algo.

Otra cosa es que yo cumpla con lo que escribo. Así que ahí lo dejo por si a alguien le sirve para recapacitar.

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