Estábamos estudiando.

Me quito el lápiz del pelo, él me mira desde la mesa de enfrente, yo se que me mira, así que para yo disimular y mirarlo alboroto un poco el pelo y miro como quien no quiere la cosa. Marrones, joder María son marrones. Mucho más penetrantes que cualquier azul o verde. Quito la mirada, no vaya a ser que se piense nada. Agacho la cabeza y sigo escribiendo. ¿Qué coño estoy escribiendo? Si no me concentro. Es como cuando duermes y sientes que alguien te está mirando. Pero es que no puedo  mirarle, JODER. En fin no sé para que vine a estudiar aquí. Empieza a temblarme la mano, nunca me había pasado. Noto como el suspira. Así que negando toda vergüenza, pongo cara de pocker y lo miro, creo que por la forma en que le miro capta que quiero que pare de hacer eso. Agacha la cabeza porque su boca ya estaba esbozando una sonrisa. No me lo puedo creer, ¿encima se rie? Me da aún más fuerzas para ser más seria si cabe. Así que vuelvo a centrarme en lo mío. Él también. Sí María centrada estás, pero centrada en él. Recurro a los chicles, por hacer algo. Estuche, cremallera, chicles. Hierbabuena. SÍ. compro esos porque a nadie les gusta. Noto movimientos en el que tengo en frente. Rebusca en su estuche. Me mira. NO LO HAGAS POR FAVOR. Y lo hace: “por favor, ¿me podrías dejar un chicle?, sino te molesta eso tampoco claro.”. ¿En serio acaba de decir lo de “si no te molesta eso tampoco“? ¿De qué va?. Yo muy falsa, hago como si no me incomodase ni pizca y le suelto “encantada, tengo de sobra, eso sí son de hierbabuena”. Pone cara de pocos amigos. Por su cara entiendo que no le gustan, conozco las caras de cuando no te gustan los chicles de hierbabuena. Así que voy a guardarlos y suelta “Ah sí, justo esos me encantan”. Le tiro el paquete hacia sus apuntes y le digo “Sírvete tu mismo”. Me mira y me suelta: ¿eres tan seria siempre?. Cojo el cartel que está encima de la mesa y se lo pongo delante: “SILENCIO EN LA BIBLIOTECA, GRACIAS” . Me da los chicles y me dice: “DE NADA”. Paso. No voy a entrar en este juego.

Silencio. Estudio. Mosqueada, pero estudio. Me digo para mí misma: un chico de ojos marrones no va a hacer el examen por tí, así que estudia.

Media hora. No hay ninguna distracción por el momento.

Bingo, movimientos otra vez. recoge las cosas. Ay dios María, está recogiendo las cosas. Se va. Me pregunto si realmente quería que se fuese.

Me voy al baño, noto como mis mejillas estaban ardiendo, cojo agua y me intento calmar un poco el rojo tomate ese. Respiro un poco más aliviada y vuelvo a mi sitio porque se que ahora toca estudiar a fondo. Sin distracciones.

ZAS, ¿¡qué coño hace aquí otra vez!? encima de mis apuntes un café en un envase de esos para llevar. Hay algo escrito en el café, me siento, lo cojo y lo leo: “todo demonio necesita un ángel que le invite a un café…” Me dan ganas de reírme, pero continuando con mi seriedad, cojo el café y lentamente lo coloco lejos de mis apuntes. Noto como nuevamente mis mejillas comienzan a dispararse. Él lo nota también así que siento que baja la guardia y decide dejarme estudiar.

Pasa el rato, y me siento mal por no haberle dicho nada por el café. Tampoco soy capaz de decirle nada. Así que cojo el café, y doy un sorbo. Estaba frío. Lo miro y asiento con la cabeza en señal de “gracias por el café”, sigo estudiando. De repente algo me acaricia la pierna. Levanto la cabeza y le digo “¿Por qué me tocas?”. El señorito va y coge el cartel de encima de la mesa y me lo pone delante “SILENCIO EN LA BIBLIOTECA, GRACIAS.”

¿Continuará?

IMG_0204

 

 

Anuncios

Felicidad ficticia.

No sé si me quiero más a mí misma o si quiero que me quieran más de lo que yo me quiero. ¿Me explico? Va a ser que no, ¿no?

Pues bien, creo que todos mis actos se mueven más por un sentirme querida por alguien, que por verdaderamente quererme yo misma. Y es que es muy difícil cultivar ese llamado “amor propio” porque no, porque somos esclavos de nosotros mismos, somos esclavos de juzgarnos día a día, y es que no podemos ver todos nuestros actos como malos, es decir, está bien que hagamos juicios propios de lo que hemos hecho mal pero también tenemos que contar lo positivo, y si todo en lo que me fijo de mí mismo es negativo, pues llegará un momento que tú mismo pienses ¿pero realmente tengo algo positivo? Y es normal, porque si nunca te has parado a pensar en las cosas positivas que haces, pues nunca fomentaras eso positivo, por ende nunca crecerás, porque se crece cuando aumentas de nivel las cosas buenas (y rectificas las malas, por supuesto).

Luego esto entra en la parte del amor hacia los demás (como no, María siempre hablando del amor), y es que creo que para estar “capacitado” para querer a otra persona y dar lo mejor de ti mismo, hay que quererse primero a uno. ¿Y por qué? Pues es muy fácil, si tú no te valoras, en una relación lo único que vas a mostrar es inseguridad; un acto que a priori” puede parecer de persona segura, por ejemplo: “hacerse el duro” realmente es un acto que muestra que no estás conforme a ti mismo, y quieres dar eso a mostrar una actitud de coraza por miedo a que te rechacen. Y sí, en un principio te puede ayudar, y no te lo niego, porque soy de las que me digo a mi misma “Tú siempre María, un pasito por detrás que él (en cuanto a sentimientos), que él no note que te gusta mucho, eh!”

Error.

Porque vale, puedes hacer que esa persona MOMENTÁNEAMENTE esté un pelín más detrás de ti. Pero a ver, esta “felicidad” (si quieres llamarla así) es ficticia. Porque realmente TÚ no eres así. Y cuando verdaderamente encuentres a la persona que te “pertenece” ahí dirás: vale, ahora lo entiendo. (Y eso que yo no lo he vivido nunca, pero ok).

Porque cuando una persona te quiere, esto va a sonar muy típico: “te quiere tal y como eres”. Procedo a desgranar esta frase. Si tú te muestras como realmente eres, vas a obtener el triple, porque la otra persona, para empezar le vas a gustar de un principio a fin, porque nunca te podrá decir: “es que has cambiado” porque no, porque te estarás mostrando desde un principio tal y como tú eres, ¿por qué cuando realmente se fija en ti? Cuando te conoce. Entonces, piensa un momento y plantéate lo siguiente: si me conoce y desde un principio le muestro tal y como soy, pueden ocurrir dos cosas: que no le guste o que le guste. Sino le gusto, pues ole tú, porque ¿para qué quieres conseguir a una persona que no le gustas? ¿Para qué ideas miles de estrategias (en plan, me hago la dura, le hablo pero no le contesto, ahora le digo que estoy conociendo a alguien, blablablá) si realmente esa persona no le gusta cómo eres tal cual? Y la otra opción es que le gustes, pues perfecto porque le has gustado siendo tú, y creo que no hay mejor forma de conocer a una persona y poder empezar a tener algo.

Otra cosa es que yo cumpla con lo que escribo. Así que ahí lo dejo por si a alguien le sirve para recapacitar.

image

Que sino lo digo reviento

A menudo nos empeñamos en complacer a todo el mundo (y si, esta frase se oye mucho), pero por más que la oigamos no sabemos ponerle remedio. En primer lugar está claro que a todos nos gusta caer bien y que tengan una buena opinión sobre uno, pero realmente cuando una persona intenta esto al final lo que hace es hundirse a si mismo, porque cuando una persona actúa así, se nota, y mucho. Todos hemos tenido alguna vez o visto a esa persona que en clase, en la oficina, en la televisión, etc. Intenta por todos los medios ser el más gracioso, el que consigue la risa fácil, el aplauso fácil… Pero realmente ¿es una actitud real? Yo creo que es un método que el ser humano en ciertas ocaciones lleva a cabo para no sentirse desplazado de la sociedad, el miedo a la soledad, a no ser comprendido… Todo esto le lleva a entrar en un bucle dominado por la frustración: no debo decir esto, no debo opinar sobre esto, no debo llevar esto… Y es que cuando nos planteamos el por qué sucede esto, todos echamos la culpa a la sociedad: “es que la sociedad tiene la culpa de todo esto” “es que si la sociedad no fuera así” … Vamos a ver, es que, ¿TÚ acaso no eres parte de esta sociedad? Todo empieza en uno mismo, en tu vecino, en esa persona que está paseando ahora por la calle… Así que ¿por qué no? ¿Porque una persona no puede ser distinta que tú? Porque somos nosotros mismos los que rápidamente señalamos con el dedo y juzgamos con frases del tipo: “es que mira tú lo que piensa”, “mira tú lo que lleva puesto”, y esa misma persona luego ve a otra y dice “es que opina como todo el mundo, no tiene personalidad” “va vestida igual que todos”. Nos contradecimos día a día. Que…¿Te quieres poner un tenis rosa con un vestido rojo? ¿Y por qué no? Me gustaría saber quién es la persona o grupo que decide que es lo que hay que ponerse y como. ¿Qué somos distintos a los demás? Pues mejor, si es que es ahí a donde voy, tu eres tú y tú decides lo que te pones, lo que opinas y lo que quieras.

Acaso, ¿somos robots?

image