¿A qué has venido?

Nos olvidamos que a estas alturas de la vida ya no somos ese papel de color blanco impoluto y liso, hemos caído en un blanco roto, que empieza a tener una textura distinta, han aparecido grietas que se asemejan a las carreteras de una ciudad.

Cuando quieres visitar esta ciudad tienes la opción de coger atajos, esos por los que el GPS te intenta llevar como si se tratara de la ruta más rápida y la más placentera, pero yo soy más de “vísteme despacio que tengo prisa”. Es más, todos sabemos que el GPS se equivoca, y mucho, simplemente porque establece un plan de acción sin pararse a mirar lo que tiene delante.

Mi consejo es que si eres extranjero y quieres descubrir la ciudad, lo primero que tienes que hacer es situarte en el mapa y plantearte: ¿dónde estoy?, ¿cuál es la historia de este sitio?, ¿qué es lo primero que debería de visitar? No, no, no, ERROR, no consultes en el TripAdvisor, ¿para qué? ¿Para que alguien te diga lo que tienes que hacer y vuelvas a trazar la ruta monótona que hacen todos? Te propongo que te pierdas en los lugares más recónditos de la ciudad, esos a los que nadie ha llegado y de hecho no figuran en el mapa. Una vez llegues, haz de ese lugar tuyo, y sí, como lo oyes, quédatelo, clava tu bandera y no se lo cuentes a nadie para que no pierda la magia, haz que siempre quieras volver a ese sitio y haz que ese sitio quiera que tu seas el único que lo visites.

Llega y construye sobre el terreno virgen, en un principio vamos a intentar no tocar el que ya ha sido pisado, simplemente ve poco a poco ganando terreno, llegará un momento en que la ciudad y tú seais uno, y la ciudad ya no sea ciudad sin ti, y tú ya no seas ciudad sin ella.

En ese momento estarás tardando en llamarlo hogar.

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